03/12/2009
02/06/2009
Estreno un documental

Mientras los conocimientos científicos se multiplican las tasas de enferemedades cardiovasculares crecen y la adherencia a cambios de estilo de vida, dieta, ejercicio o fármacos muestran un fracaso estrepitoso.
La pregunta es: ¿por qué?
Nuestro documental se propone rescatar la narrativa del paciente respecto de su padecmiento.
Programa:
Introducción y contexto:
Dr. Daniel Flichtentrei
Realización:
Ary Kaplan Nakamura (director de cine)
Proyección del video (30 minutos)
Comentarios:
Eliseo Subiela (director de cine)
Preguntas y comentarios de destacados panelistas invitados y del público.
Reservar entrada gratis:
infomedica@intramed
0810-222-INTRA [4687] lunes a viernes,
Contexto y fundamentos de la obra:
El tema sobre el que se sustenta la obra es rescatar la propia narrativa del paciente respecto de las enfermedades cardiovasculares. Mientras los conocimientos científicos se multiplican y el conocimiento resulta extraordinario, las tasas de enferemedad crecen y la adherencia a cambios de estilo de vida, dieta, ejercicio, etc, se muestran como un fracaso estrepitoso. La pregunta es: ¿por qué? Hemos pensado en una serie de investigaciones que indagen sobre la realidad desde otras perspectivas y con herramientas novedosas, el cine en este caso particular.
Qué sucedería si:
- Pasamos de la atención: "uno a uno" a un modelo grupal: "equipo de salud y grupos de pacientes".
- Abandonáramos la soledad del consultorio por el encuentro multidisciplinario.
- Transfiriéramos el poder al paciente para hacerlo corresponsable de su autocuidado.
- La atención dejara de ser un acto para transformarse en un proceso.
- Los pacientes no asisten al consultorio periódicamente sino que se integran aun programa permanente.
02/10/2008
Cumbio, la flogger que la prensa lanzó a la fama
Los invito a ver mi videoentrevista a Cumbio, la referente flogger de la Argentina que la prensa lanzó a la fama.
Ary
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31/08/2008
100 aniversario de Okinawa en la Argentina - Eternizando Momentos 34
La música de Okinawa, la isla del corazón más cálido de Japón, se bailo, se saltó y se disfruto de la Plaza de Mayo hasta la Av. 9 de Julio, en donde comenzó a sonar Matador de los Fabulosos Cadillacs. Al ritmo de las trompetas y la percusión el baile oriental continuó demostrando lo que divertido, rico e interesantes que son las mezclas culturales. Tan rico y extraño como el asado de tira acompañado por un buen tazón de arroz blanco.
Ary Kaplan Nakamura

16/05/2008
24/04/2008
Raid Náutico Andresito - Iguazú - Eternizando Momentos 32
Son 90km de navegación por los senderos acuáticos del Parque Nacional Iguazú, finalizando en las proximidades de las Cataratas. Organizado por la municipalidad de Comandante Andresito y Parques Nacionales, la idea es dar a conocer una propuesta nueva dentro del ecoturismo misionero y atraer una porción del más de millón de personas que visitan año a año las Cataratas.
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23/04/2008
04/09/2007
German Daffunchio de Las Pelotas (Entrevista)



"Mi lápida dirá: 'Muy rico todo, no sé si vuelvo'"
"Somos totalmente descartables", dice el ex Sumo, amigo de Luca Prodan y uno de los pilares de Las Pelotas. En el último disco, la banda grita Basta y en esta charla Germán Daffunchio sostiene que el dinero no tiene nada de maravilloso y que tener éxito no es difícil: "Preguntáselo a Nazarena Vélez". Más profundo y filosófico, dispara: "El ser humano se fue al carajo cuando creó un Dios a su imagen y semejanza".
Pedro Irigoyen - fotos: Ary Kaplan Nakamura
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14/08/2007
Viaje a Sao Paulo, Brasil: Despedida - Eternizando Momentos 030


Último día en Sao Paulo, día de compras en el centro. Tomé mi último desayuno preparado por la obaachan y nos fuimos en búsqueda del "Once" paulista. Devolvimos el vestido de novia, el smoking de Diogo y de pasada encontré lo que hace meses no conseguía en ningún lugar de Buenos Aires, una riñonera tamaño mochila donde guardo absolutamente todo. Los brasileros tenían razón, allí tienen "o mais grande do mundo".
Luego acompañé a las chicas a comprar bijouterie pero el Real alto no me dejó comprar casi nada. Nuestro Once es hoy en día uno de los lugares más baratos del mundo.
A la hora de la comida fuimos a Liberdade, el gran barrio nippon donde se escucha japonés, se ven carteles en japonés y se come japonés. Llovía y estábamos casi empapados por haber caminado, evitando el tremendo tráfico de la ciudad. Llegamos a un típico restaurante de venta de comida al peso pero de estilo japonés. Dispuesto a darme un último atracón fui al baño a lavarme las manos. Como no encontraba la puerta, en mi perfecto portuñol, le pregunté al japonés donde podía hacerlo. El hombre me indicó que me sentara. A pocos metros vi un hombre parado al lado de una puerta y deduje que estaba en la cola del baño y por eso el japonés me ofrecía asiento. “Que amable”, pensé, “pero que extraño hacer cola en un baño de hombres, en un restaurante casi vacío”, seguí pensando. Mientras doblaba mis rodillas, descubrí entre los papeles que el hombre tenía en la mesa, varias hojas con palmas de manos cruzadas por largas líneas e ideogramas en japonés. Como resorte mi cola tocó la silla y me levantó. “No, no… otearai” (“lugar para lavarse las manos”, en japonés). Con un gesto me indico hacia atrás mío y allí encontré una tela que tapaba la entrada del baño.
Comimos rico, pero nada comparable con lo de la obaachan. Paseamos un poquito más y me llevaron al aeropuerto. Ahora me tocaba lo único malo del viaje, el regreso.
Esperando el vuelo me puse a pensar como sería la situación al revés. Yo despidiendo a una amiga de un pariente mío y llevándolo de lugar en lugar. No a cualquiera tendría ganas de llevar de paseo de un lado para el otro y después terminar en Ezeiza. Me sentí muy afortunado, levanté la vista y me encontré acompañado por cinco hermosas mujeres con las que había pasado todo el día.
Ary
10/08/2007
Viaje a Sao Paulo, Brasil: Undokai - Eternizando Momentos 029



Al día siguiente del casamiento me tocó correr. Fuimos a un “undokai” (“undo” = ejercicio físico, “kai” = encuentro) y por más que quise escudarme tras mis lentes de aumento y los fotográficos no pude evitar ser llevado a las pistas. Corrí junto a chicos y grandes, salí segundo en la competencia de minigolf y casi casi hice ganar a mi equipo en la carrera de postas. Terminada la última competencia, la cinchada, quedé extremadamente cansado y mareado al punto que tuve que quedarme sentado en el césped. Necesitaba descansar por lo menos diez minutos para recuperar el aliento que había perdido. Volver a correr cual niño pero sin serlo no era tan simple. Pero fue imposible quedarme sentado ya que todos, absolutamente todos, apenas culminó el evento comenzaron a ordenar todo el campo de deportes y el galpón donde se había almorzado. Postes, carpas, sogas, telas, pelotas, banderas, mesas, sillas, sillas, sillas… Todo el mundo, desde el más viejo al más niño cargaban con todo eso hasta el galpón que cuesta arriba los esperaba. Era una vergüenza quedarme sentado, así que cargué una sola silla, todos llevaban de a cuatro, y subí la barranquita. Llegué al galpón y divisé la única esperanza que tenía para poder descansar unos minutos y evitar caer desmayado: el baño. Me senté en el inodoro y sentí el mismo alivio que cuando uno entra ahí luego de haber aguantado rato largo las ganas de justamente sentarse ahí. Al ratito me sentí mejor, pero el lugar estaba muy frío y yo empapado en transpiración, claramente no era un buen lugar para permanecer. Salí tambaleante del baño en búsqueda de sol y aire libre y esperando que ya hubieran acabado con el desarme. No era así, todos seguían cargando cosas y hacia mi se acercaba un viejo empujando una enorme rueda de tractor. El código estaba implícito, llegó hasta mí y me la dio sin emitir palabra. Yo empujaba la rueda, pero la rueda me llevaba. Yo le daba vida pero ella marcaba el camino. Por suerte llegamos a buen destino, ella parecía conocer muy bien el camino a casa, y una vez allí el desarme había culminado.
Ary
02/08/2007
Viaje a Sao Paulo, Brasil: Casamiento religioso - Eternizando Momentos 028





La obaachan se quedó en la casa. No dio explicaciones a nadie de por que no asistía a la fiesta y nadie pareció pedírselas.
Diogo se metió dentro de su smoking, quito el polvo rojizo de sus zapatos y nos fuimos para el centro de reuniones de la colectividad japonesa en Atibada.
Alyne y Luna nos esperaban vestidas con kimono y más tarde llegó Satomi vestida de blanco radiante.
Se casaron en portugués y en japonés, y luego una lluvia de rosas y arroces los baño de hermosos deseos.
Ary
31/07/2007
Viaje a Sao Paulo, Brasil: Casamiento Civil - Eternizando Momentos 027



Llegó el sábado, llegó el día de casarse.
Del civil solo participan padres y padrinos, el resto de la flia. se queda en casa con los últimos preparativos para la noche.
La única sin sangre japonesa parece ser la mujer del poster, que les desea salud y paz.
Ary
30/07/2007
Viaje a Sao Paulo, Brasil: En casa de la obaachan - Eternizando Momentos 026



El segundo día a la noche, luego de haber estado haciendo trámites para la boda, nos enchufamos a ver televisión. El cable nos entretenía con una de esas malas películas donde la tremenda te hace esperar algún desenlace y tener soportar el mal guión y las estereotipadas actuaciones.
Una hermosa e ingenia mujer se había casado con un apuesto y exitoso hombre a quien amaba y le desconfiaba a la vez. Una noche, en una escapada de fin de semana, otro hombre entra a la habitación. El marido le dice que se trata de un regalo, que el hombre es un masajista y que le hará muy bien. El supuesto masajista se sienta a la cama con ella, que no parece confiar pero queda pasivamente inmóvil. El hombre que está de espaldas a la cámara extiende un brazo hacia ella y en ese preciso momento entran tres chicas con cara de japonesas a la habitación. No a la habitación de la pareja, sino a la habitación donde nosotros estábamos viendo televisión. Rápidamente tuve que cambiar de canal y pasar a ver un experimento de los "Cazadores de mitos" que era lo más acorde que encontré como para compartir con ellas de 10, 13 y 15 años.
Así conocí a Liz, Luna y Alyne, las hermosas primas de Diogo.
Ary
26/07/2007
Viaje a Sao Paulo, Brasil: La obaachan - Eternizando Momentos 025



Diogo se casaba y no dude en ir a visitarlo. En el aeropuerto de San Pablo me esperaba su hermana Lia para viajar una hora más a la ciudad de Atibaia. La memoria me había vuelto a jugar una mala pasada. Pensé que mi amigo seguía viviendo en San Pablo, y no que había regresado a su campestre ciudad natal. Pensé entonces que pasar cinco días sumido en la pasividad del campo brasilero iba a ser aburrido, y hasta contraindicado para mi stress laboral y familiar. De todas maneras me contente pensando que lo mas lindo era volver a ver a mi gran amigo que hice en Japón, y acompañarlo en un momento tan importante de su vida.
Llegamos a la casa y él todavía no estaba, su novia Satomi tampoco y no los vería hasta la noche. La nueva casa donde yo iba a dormir estaba prácticamente vacía y al lado vivía una de sus abuelas que yo no conocía. Fui invitado a almorzar y al modo japonés quien nos servía no comía. Mientras yo permanecía sentado y curioseando cada rincón de la vieja casa, un montón de platitos y fuentes con comida brasilera y japonesa inundaron mis ojos. Tal cual es costumbre en ambas cultura, el arroz era lo principal y luego todo el resto acompañaba.
"¡¿Todo esto hizo la abuela?!", pregunte sorprendidísimo. Así era, todo hecho por las manos de la obaachan ("abuela" en japonés) de ochenta y dos años que desapercibidamente no dejaba de estar atenta a que no faltara nada, sino mas bien que sobrara.
Luego de haber almorzado de lo mejor fui a conocer el campo de la obaachan. No es grande como para necesitar un pelotón de ayuda o una de esas inmensas máquinas agrícolas, pero es gigante para una mujer que vive sola y solo es ayudada por un peón. La abuela planta, riega, cuida, cosecha, vende, cocina, invita, atiende y lava. Es la primera en levantarse antes de las 6 y en los días que estuve yo, era la ultima en acostarse ya pasada la una de la mañana.
En la casa también había primos y tíos de visita. Suelen pasar sus vacaciones ahí, pero esta vez especialmente nadie quería faltar.
Diogo llegó a la noche y otra rica comida de la obaachan nos esperaba. Pescado, carne, pollo, cerdo, feijoada, verduras de todos los colores, hervido y asado, caliente y frió, picante y dulce, salado y amargo, como mínimo había seis opciones en cada comida más todas las combinaciones que cada uno luego quisiera hacer.
El estomago se me iba agrandando, la panza creciendo y perderme una comida de la obaachan era realmente una gran pena.
Cerca de mi departamento, en Buenos Aires, tengo un restaurante abierto 24hs con comidas caseras y ricas. Ese lugar era lo máximo hasta que conocí la casa de la obaachan de Diogo.
Ary




















